Me hace gracia escuchar canciones de cuando no existías, se parecen tanto a ti, a tu forma y a tu yo, que asusta la premonición. Me advierten de no enseñarlas demasiado, para que por una vez sean sólo mías y nadie, ni por casualidad, risa o suerte pueda descubrirlas y dejarme con cara de gol injusto en el minuto 90. Y me pasa porque todavía no te cansaste de aprender y/o instruir conmigo ciencias que nunca dominaremos del todo en aulas que en realidad nunca tuvimos pero que, cuando no improvisamos, esperamos encontrar con la confianza del ciego que sabe que llegará sano y salvo a la siguiente estación. Aunque se interpongan millones de personas o kilómetros cuadrados de letras superpuestas en ladrillos del tamaño de Bombay. O en decorados de cartón piedra de todo menos decorosos. Y sin parar a respirar fuimos, vamos, venimos e iremos sabiendo desde ya que nunca será suficiente, como tan bien sabemos desde que pedimos a la noche que enmudecí que nos viéramos. Y ya existimos, como quisimos, porque hasta eso somos ahora.
You know my river won't evaporate
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